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Tal como em Portugal, no país vizinho Espanha, os políticos não convivem bem com a independência do poder judicial. Muitas decisões judiciais são criticadas a priori e a posteriori conforme os interesses e jogos políticos. Afinal, não é só em Portugal que se verifica o ataque aos juízes para que renunciem à conjunção da sua condição humana, da aplicação isenta da lei e da liberdade de consciência, criando um clima oposto à racionalidade e serenidade que permita a correcta aplicação da justiça. Europa, para onde caminhas ?
EL PERIODICO | 22.02.2007 | LINK
LA POLITIZACIÓN DEL SISTEMA JUDICIAL ESPAÑOL
MIGUEL ANGÉL LISO
Los ataques demoledores a algunas sentencias reflejan el fuego cruzado al que están sometidos los tribunales
Por simple silogismo, la sentencia que dicte el tribunal de este juicio, presidido afortunadamente por un magistrado serio y solvente, no sólo no será aceptada ni compartida por aquellos que defienden estas tesis, salvo que coincidiera con sus planteamientos, sino que será vapuleada y desprestigiada hasta extremos que aún no podemos ni imaginar.
ALLÁ CADA cual con sus teorías. No obstante, estos ataques demoledores a asuntos judiciales de trascendencia social, como el sumario y el juicio del 11-M, son un botón de muestra del fuego cruzado al que desde hace muchos meses está sometida la justicia española.
El desencuentro de sectores políticos y mediáticos sobre uno de los pilares básicos del sistema democrático está ya cobrando un perfil ominoso. Numerosas resoluciones judiciales están sujetas a priori y a posteriori a una burda polémica en la que lo importante es si los jueces son progresistas o conservadores, amigos del Gobierno o de la oposición, o nacionalistas o constitucionalistas. Y lo que es más llamativo, los mismos que un día elogian, por ejemplo, al Supremo por su coraje e independencia al dictar una sentencia que les gusta, al día siguiente son capaces de insultar al mismo tribunal y calificar otra de sus sentencias de asquerosa, infame y repugnante, simplemente porque les desagrada.
Ahí están las hemerotecas, audiotecas y videotecas para comprobar las interpretaciones dispares y disparatadas, solo explicables si están influenciadas por algún otro tipo de intereses, de algunas de esas resoluciones o como los órganos judiciales son sometidos a una presión brutal para que inclinen la balanza hacia un lado determinado. (...)
En una democracia estable, la justicia y sus administradores deben actuar como intérpretes de la ley, sin que su origen social, ideológico u otros condicionamientos, desvíen su atención. No se les puede pedir a los jueces que renuncien a su condición humana y a su libertad de pensamiento, ¡solo faltaría!, pero sí que su teórica sólida formación jurídica atienda a una escrupulosa aplicación de la ley, haciendo abstracción de presiones, banderías e intentos de volcar hacia un lado la sentencia correspondiente.
Por su parte, la sociedad, sin exclusiones, tiene que favorecer un clima de racionalidad y serenidad que permita la correcta aplicación de la justicia, cuyas resoluciones pueden y deben ser criticadas. Algo, por cierto, obvio y evidente en un sistema democrático. Pero lo que resulta grotesco son los ataques personales y profesionales, desmedidos, crueles, feroces y ofensivos, que se están produciendo hacia los administradores de la justicia, buscando, al parecer, torcer su voluntad y buen hacer.
El actual espectáculo de politización y minusvaloración del poder judicial debería cesar. Pero el panorama no puede ser más desalentador. Al margen de lo que estamos observando con el juicio del 11-M, (...) la Justicia tiene en España graves problemas de funcionamiento y uno de ellos es la creciente politización de la judicatura.
(...) La Constitución consagra la independencia del Poder Judicial, pero este objetivo es papel mojado si sus administradores, la clase política y el conjunto de la sociedad no contribuyen a que así sea».
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